solo un tema por semana,
y con que le guste al diyei alcanza

lunes, 6 de febrero de 2017

Habeas corpus vegetalis


“Where have all the flowers gone?”, de Pete Seeger (1955)



Esta semana, como cierre de la serie “Preguntas sin respuesta”, vamos con “¿Adónde se fueron todas las flores?”, una famosísima canción de Peter “Pete” Seeger que resuena con la primera de la serie, “¿Qué aprendiste hoy en la escuela?”, que aunque no la había compuesto, también cantaba Pete (repasen el posteo 170, de diciembre pasado, si no aprendieron nada).



Esta canción, la de las flores perdidas, fue compuesta por Seeger justo en la época en que el “Comité Parlamentario de Actividades Anti-Americanas” (HUAC, por sus siglas en inglés) liderado por el nefasto Joseph McCarthy lo investigaba por su pensamiento de izquierda, junto a otros artistas, y cuando Pete se negó a dar nombres y acusar a amigos y compañeros y a responder sobre lo que pensaba, lo acusaron por desacato, lo condenaron y decretaron su encarcelamiento, que finalmente no llegó a concretarse por diversos detalles, aunque su carrera se hundió durante varios años y recién en los sesentas pudo resurgir.

Como muchas de las canciones más cuestionadoras del poder y del status quo, esta es una melodía simple, alegre, sencilla de letra, nada confrontativa. Uno tiene que prestar mucha atención para entender por qué significó tanto para los movimientos antibelicistas, de derechos humanos e, incluso, para los “anti-casamiento”, como nuestra amiga Joan Baez (repasen al respecto, si les da la energía, el posteo 158, sobre “It ain´t me, babe”).

La melodía es súper-tranqui, morosa (pues es, y no quiere disimularlo, una canción folk de los años cincuenta), en tono mayor, suavecita. La letra, por su parte, abre con la pregunta que titula la canción, y se estructura como una serie de preguntas y respuestas que se van encadenando unas con otras.

La pregunta inicial del cantor es melancólica, y tranquilamente podría encabezar una canción de temática ambientalista: “¿Adónde se fueron todas las flores, hace tanto tiempo?”. Esa añoranza vegetal se repite tres veces, hasta que llega la respuesta: “Las muchachas las arrancaron todas”, y la conclusión, una nueva pregunta: “¿Cuándo van a aprender?”. Ese verbo final, en futuro, hace que el “largo tiempo atrás” del comienzo de la estrofa se haga presente: esto no es algo que se resolvió en el pasado, sino algo que sigue sucediendo, que nos atañe hoy.

Hasta aquí, un suave reto ante una contravención municipal de poco fuste. Chicas: no se lleven las flores de la plaza. El romanticismo y la típica irreflexividad adolescente de las cabezas de novia atenta contra la parquización del espacio público y el ciclo de vida de las plantas con flor.

Pero en las sucesivas estrofas, aunque la estructura de la canción se mantiene, la temática va mutando paso a paso ante nuestros ojos. En la segunda estrofa, el cantor se pregunta: “¿Adónde se fueron todas las chicas?”. Reclama, con indisimulada añoranza, que no hay ya muchachas a la vista, y se pregunta qué pasó con ellas. “Todas se consiguieron marido”, es la respuesta, y la conclusión, la misma de antes: “¿Cuándo van a aprender, tontitas?” (el “tontitas” está elidido, pero se sobreentiende).

En la tercera estrofa, los que están faltantes de stock son los varones: “¿Adónde se fueron todos los muchachos?”. Como cuarentona que se lamenta “Ya no hay hombres”, el cantor se pregunta qué pasó que ya no se ve ningún hombre joven, y la respuesta es sencilla pero terrible: “Todos se hicieron soldados”. La conclusión, ya se la imaginan: “¿Cuándo van a aprender, salamines?”.

Hasta aquí llegaba la canción original de Seeger. En 1960, sin embargo, Joe Hickerson completó la letra con dos estrofas más, volviéndola circular, y esa versión es la que se popularizó en los sesentas (la cantó Marlene Dietrich en alemán en el 62, eso impulsó también la fama de la canción) y de allí hasta nuestros días.

A mí me gusta más la versión original de tres estrofas, que es más vaga, menos explícita, más parecida a la canción cosaca (“Koloda-duda”) en la que se inspiró Seeger: “¿Dónde están las flores? Las muchachitas las arrancaron. ¿Dónde están las muchachitas? Los jóvenes las desposaron. ¿Dónde están los jóvenes? Se fueron a la guerra.”

Las dos estrofas extra vuelven la canción más explícita y, en el final, más sorprendente, paradojal, pues el final ahora regresa, como un rulo en una cinta continua, al comienzo, reconectando con la primera estrofa.

La penúltima pregunta: “¿Adónde se fueron los soldados?”. La respuesta es feroz: “Todos se fueron a la tumba.” Ahí están las tumbas, una junto a la otra, en amplios cementerios, como recordatorio de lo estúpidas y criminales que son todas las guerras.

Pero el recordatorio no dura mucho, porque las tumbas también se pierden: “¿Adónde se fueron todas las tumbas?”, pregunta la estrofa final, y la respuesta es: “Todas se cubrieron de flores.”

O sea: aunque no las veamos, las tumbas están allí. Y la próxima jovencita que arranque un crisantemo podría estar quitándolo, inadvertidamente, del sepulcro de un muchachito que fue enviado a morir para que algunos viejos se volvieran más ricos.

En la estrofa final, la conclusión no es exactamente igual que en las demás, porque no se les pide a las tumbas que aprendan (menos mal, porque son duras): “¿Cuándo vamos a aprender?”. Eso sí me gusta, del final extendido: los que tendríamos que aprender de todo esto, de este ciclo nefasto de pérdida de flores y de gente, somos nosotros, toda nuestra sociedad, vos incluida, yo incluido. Lástima que somos proverbialmente duros de entendederas, al igual que las lápidas, y podemos, al parecer, tropezar con las mismas piedras una y otra vez hasta volverlas arena.



Where have all the flowers gone?

Where have all the flowers gone
Long time passing?
Where have all the flowers gone
Long time ago?
Where have all the flowers gone?
Girls have picked them every one
When will they ever learn?
When will they ever learn?

Where have all the young girls gone
Long time passing?
Where have all the young girls gone
Long time ago?
Where have all the young girls gone?
Taken husbands every one
When will they ever learn?
When will they ever learn?

Where have all the young men gone
Long time passing?
Where have all the young men gone
Long time ago?
Where have all the young men gone?
Gone for soldiers every one.
When will they ever learn?
When will they ever learn?

Where have all the soldiers gone
Long time passing?
Where have all the soldiers gone
Long time ago?
Where have all the soldiers gone?
Gone to graveyards every one.
When will they ever learn?
When will they ever learn?

Where have all the graveyards gone
Long time passing?
Where have all the graveyards gone
Long time ago?
Where have all the graveyards gone?
Covered with flowers every one.
When will we ever learn?
When will we ever learn?
¿Adónde se fueron todas las flores?

¿Adónde se fueron todas las flores
hace tanto tiempo?
¿Adónde se fueron todas las flores
largo tiempo atrás?
¿Adónde se fueron todas las flores?
Las muchachas las arrancaron todas.
¿Cuándo van a aprender?
¿Cuándo van a aprender?

¿Adónde se fueron todas las muchachas
hace tanto tiempo?
¿Adónde se fueron todas las muchachas
largo tiempo atrás?
¿Adónde se fueron todas las muchachas?
Todas se consiguieron marido.
¿Cuándo van a aprender?
¿Cuándo van a aprender?

¿Adónde se fueron todos los muchachos
hace tanto tiempo?
¿Adónde se fueron todos los muchachos
largo tiempo atrás?
¿Adónde se fueron todas los muchachos?
Todos se hicieron soldados.
¿Cuándo van a aprender?
¿Cuándo van a aprender?

¿Adónde se fueron todos los soldados
hace tanto tiempo?
¿Adónde se fueron todos los soldados
largo tiempo atrás?
¿Adónde se fueron todos los soldados?
Todos fueron a la tumba.
¿Cuándo van a aprender?
¿Cuándo van a aprender?

¿Adónde se fueron todas las tumbas
hace tanto tiempo?
¿Adónde se fueron todas las tumbas
largo tiempo atrás?
¿Adónde se fueron todas las tumbas?
Todas cubiertas de flores.
¿Cuándo vamos a aprender?
¿Cuándo vamos a aprender?

En síntesis: una bella y suave canción para entonar cuando el mundo entero (y  nuestro país también, por supuesto) se descalabra cometiendo (otra vez) los mismos errores de siempre.

Hasta la próxima semana, donde volveré a presentar un nuevo tema musical. Salvo que, milagrosamente, aprenda.


DJ Vago

lunes, 30 de enero de 2017

Metamorfosis de la parra



“Volver a los 17”, de Violeta Parra (1962), por Camila Gallardo (2015)


Como cuarta y penúltima entrega de la serie “Original versus cover”, regreso a la luz tras una semanita en el infierno y les presento mi tema favorito de la grandísima Violeta Parra, “Volver a los 17”, una especie de sirilla metamorfoseada, compuesta en 1962 y grabada en el 66 como parte del disco Las últimas composiciones (considerado por muchos el mejor disco chileno de todos los tiempos, y del que ya reseñé, en mayo de 2013, “Mazúrquica modérnica”, en mi posteo 30).



Yo le tengo cariño a Violeta y me gusta su voz (quebradita por momentos, vulnerable) y su tonadita chilena, pero ni aun sus fans podemos proponer que era una gran cantante: su fuerte no era ese. Y aunque esta canción tuvo buenos covers, ninguno nunca me convenció demasiado (ni siquiera los de Mercedes Sosa o mi tío Joan), pero en mi habitual repaso de todos los realitys musicales de todos los países del mundo (ser Vago es un trabajo full-time, qué se piensan) escuché un cover de Camila Gallardo, jovencísima cantante chilena, una de las finalistas (aunque era mi candidata, no ganó) del reality “The Voice - Chile” en 2015, y me encantó.



Además, como el primer verso de la canción es “Volver a los diecisiete después de vivir un siglo”, me pareció una señal celeste que estemos casi casi a un siglo del nacimiento de Violeta, y que Camila tenga casi casi diecisiete (uno más apenas cuando grabó su cover, al día de hoy tendrá 19).

Aunque Serrat cantó esta canción en su regreso a Chile tras diecisiete años de estar proscrito por la dictadura pinochetista, este “Volver a los 17” de la canción no es, en realidad, como el del tango “Volver”, un regreso a un lugar (“con la frente marchita”) después de transcurrida una culada de años en el exilio (“que veinte años no es nada”, etcétera): aquí lo que se plantea es que una persona (el cantor, la cantora) que ya tiene cien años (o, más probablemente, no llegue a tanto, pero se sienta viejísimo/a) regresa a la juventud, a cuando tenía decisiete años.

Seguramente es la trama de una comedia pedorra hollywoodense que por suerte no vi (protagonizada por Adam Sandler o algo así), pero más bien, en este caso, una transformación mitológica, una metamorfosis (“Ovidio”, me susurra mi hermana la tercera mientras me pasa un mate y entorna los ojos en súbito pestañeo, por lo que supongo que está haciendo una referencia literaria).

Violeta plantea esta metamorfosis mítica, por momentos, con imágenes y palabras religiosas (aunque no lo son del todo), como salidas de una escritura sagrada (“frente a Dios”, “el arco de las alianzas”, “pureza original”, “serafín”, “alma”, “peregrino”, “querubín”), en décimas de octosílabos, casi como una payada, cinco estrofas bordadas con la repetición del estribillo, que es genial.

Esta canción fue incorporada, apenas compuesta, en el listado de canciones prohibidas por la dictadura de Pinochet. A diferencia de “Què volen aquesta gent?” (vean dos posteos atrás), este tema no toca, ni de costadito, la actualidad ni la política. ¿Por qué prohibirlo, entonces? Tal vez lo censuraron porque no lo entendieron: no me extrañaría. O tal vez sí entendieron que una canción que toca tan bella y sutilmente temas tan importantes como el amor, el tiempo y el cambio no puede ser otra cosa que arte (subversivo del poder y lo establecido, como todo arte que se precie), y por eso la prohibieron. ¿O habrán pensado que era anti-católica? No importa, no perderé más tiempo intentando descular qué pensaron los momias pinochos.

Sí recuerda un poco, la onda de la canción (me dice mi hermana), a esos poemas místicos cristianos, tipo los de Santa Teresa de Jesús, que si en vez de estar dedicados a Jesús estuvieran dedicados a otro tipo, serían considerados literatura erótica hasta las verijas.
Las primeras dos estrofas plantean la metamorfosis: la cantora (digamos que es una ella, por comodidad, pero la letra en unisex) no vuelve físicamente a tener 17 años (no es una canción sci-fi), sino que se siente de nuevo como si tuviera 17, con esa fragilidad, con esa profundidad de los sentidos y lucidez sorprendida de quien recién abre los ojos a la vida y, sobre todo, al amor.

Volver a los 17
Volver a los diecisiete
después de vivir un siglo
es como descifrar signos
sin ser sabio competente,
volver a ser de repente
tan frágil como un segundo,
volver a sentir profundo
como un niño frente a Dios:
eso es lo que siento yo
en este instante fecundo.

Porque aunque las primeras estrofas no lo dicen, uno pronto entiende que el agente de esta transformación milagrosa es el Amor: él es quien logra que esta persona ya grande se sienta de nuevo como un adolescente (“Like a virgin”, diría Madonna en su canción, que es como si fuera un mal cover de este tema). De forma que a ella siente todo nuevo, liviano y diferente: hasta la pesada y oscura cadena del destino se percibe “como un diamante fino que alumbra mi alma serena”.

Mi paso ha retrocedido
cuando el de ustedes avanza,
el arco de las alianzas
ha penetrado en mi nido,
con todo su colorido
se ha paseado por mis venas
y hasta la dura cadena
con que nos ata el destino
es como un diamante fino
que alumbra mi alma serena.

Y es el Amor quien, ya metido en ella, va creciendo como una planta, enredándose en su ser como una enredadera sobre una pared, como un musgo en una roca, hasta que ya no hay forma de separarlos: una preciosa analogía vegetal (de prosapia clásica, como las metamorfosis del Ovidio ese, y que no sé por qué, me suena muy femenina también) que resalta, con la repetición de los gerundios (enredando - brotando) una acción en proceso: esto está sucediendo a medida que canto, segundo a segundo. Y el entusiasta verso final del estribillo, con ese “ay sí sí sí” precipitado, es sencillamente delicioso. Me mata, ese verso. Y me resucita.

Se va enredando, enredando,
como en el muro la hiedra
y va brotando, brotando,
como el musguito en la piedra.
Como el musguito en la piedra, ay sí sí sí.

En la tercera estrofa, por si quedaban dudas, se devela el enigma: es el Amor el causante de todo, el que consigue lo que no pudo (ni quería) lograr la Razón:

Lo que puede el sentimiento
no lo ha podido el saber,
ni el más claro proceder,
ni el más ancho pensamiento,
todo lo cambia al momento
cual mago condescendiente
nos aleja dulcemente
de rencores y violencias,
solo el amor con su ciencia
nos vuelve tan inocentes.

La cuarta estrofa describe los efectos del huracán Amor, un torbellino que trastoca todo y redime a las fieras (incluidas las humanas):

El amor es torbellino
de pureza original,
hasta el feroz animal
susurra su dulce trino,
detiene a los peregrinos,
libera a los prisioneros,
el amor con sus esmeros
al viejo lo vuelve niño
y al malo sólo el cariño
lo vuelve puro y sincero.

La estrofa final, a diferencia de todas las anteriores, es narrativa, cuenta una escena que es la que “explica” (sin explicar realmente) lo que pasó, y que resuena fuertemente a un episodio bíblico (como el de la Anunciación, por ejemplo): el Amor entra por la ventana, como si fuera un ángel, cubierto por su amplio manto (“¿No ves qué blanco soy, no ves?”, dice en “Eiti Leda”, otro tema mítico, posteo 127). Este Ángel viene con su propia música de fondo (“al son de su bella diana”), y, como para demostrar su poderío, hace brotar el jazmín sin necesidad de varita mágica.

De par en par la ventana
se abrió como por encanto,
entró el amor con su manto
como una tibia mañana
al son de su bella diana
hizo brotar el jazmín,

Y entonces, en los últimos versos, el Amor hace dos cosas imposibles e impensadas, transformaciones de la naturaleza a cuál más maravillosa: le pone aros al cielo (¡me encanta esa imagen!) y convierte los tantísimos años de la cantora… en apenas 17 (con lo cual la canción se cierra simétricamente con el verso inicial).

volando cual serafín
al cielo le puso aretes
y mis año´ en diecisiete
los convirtió el querubín.

Y se cierra el tema con la última repetición del estribillo, para que lo último que escuchemos sea ese “sí sí sí”.

Se va enredando, enredando,
como en el muro la hiedra
y va brotando, brotando,
como el musguito en la piedra.
Como el musguito en la piedra, ay sí sí sí.

Va la grabación original de Violeta Parra:

Y el cover de Camila Gallardo, con una voz más bella, más urgente intensa, poderosa (una voz más joven también, en esta canción eso no es un dato menor). Me gusta cómo se come algunas “s” y cómo, a pesar de sus años juveniles, puede mostrar cierta fragilidad también (como cuando dice “competente” en la primera estrofa) y luego, una potencia cuasi roquera en el estribillo final. Si bien enlentece la canción, lo hace apenitas, no llega a abandonar el ritmo:



Bonus track: cover en vivo por Mercedes Sosa, Caetano Veloso, Gal Costa, Chico Buarque y Milton Nascimento: el cover no sé si es bueno (demasiado multitudinario y bullanguero para una canción tan íntima), pero escucharlos y verlos a todos estos juntos hace que valga la pena.

https://www.youtube.com/watch?v=krEMw8E5ZAg


Volveré a verlos la semana que viene, con el cierre de la serie dedicada a las preguntas sin respuesta. Para que me reconozcan: seré el pibe ese con un jazmín en el ojal.

DJ Vago



martes, 24 de enero de 2017

Otro hermoso día en el infierno


“Highway to hell” (1979) y “Back in black” (1980), de AC/DC


Hoy, como cuarta entrega de la serie “Voces”, vuelvo al negro y hablaré de dos temas de la famosa banda metalera australiana AC/DC.
Modestia aparte (como siempre), pocos blogs musicales (o, más probablemente, ninguno) ha hecho, como este, tanto por valorar y valorizar (“poner en valor”, me sopla mi hermana la quinta) el heavy metal y el rock pesado, semi-pesado y pesadito en general. Desde mi posteo 2 (sobre “Enter Sandman” de Metallica) en adelante reseñé canciones de Black Sabbath, Led Zeppelin, Pantera, Nirvana, Sex Pistols, 2 Minutos, Heart, Dead Kennedys y muchos más. Así que este regreso no debería extrañar a mis seguidores, que saben que si no volví antes es porque en realidad nunca me fui.



¿Y por qué dos temas? Porque hablaré de las dos grandes voces que cantaron en AC/DC: el enorme Bon Scott y el gran Brian Johnson.

Los hermanos escoceses Malcolm Young y Angus Young (cuya familia había emigrado a Australia buscando un porvenir menos mishiaduresco que el que les esperaba en Glasgow) formaron AC/DC (para los despistados: no es la sigla de “antes de Cristo/después de Cristo”, sino de “corriente alterna/corriente directa”, y el nombre se inspiró en la inscripción que tenía el interruptor de la máquina de coser de mamá Young) y anduvieron varios años intentando encontrar una línea, pero recién lo consiguieron en el 74 cuando llegó Bon Scott, y poco después la formación se estabilizaría con Mark Evans en el bajo y Phil Rudd en la batería.

Aunque la imagen icónica de la banda fue y es el look “chavo del ocho” del energético Angus Young, vestido de colegial, con gorrito y pantalones cortos (todavía hoy, a los sesenta y pico),

fue Bon Scott, quien ya había pasado tiempo en la cárcel y había sido echado del ejército por ser un “inadaptado social”, quien le dio a la banda energía, creatividad, humor y una onda lumpen-criminal-violenta que los hizo tomar velocidad y fama con rapidez. Y además, claro, tenía una voz de la san puta, Bon. Aguda, filosa, intensa. No muchas bandas en la historia (ni de metal ni de cualquier otro género) lograro conseguirse una voz así. Piensen en las cinco bandas preferidas por ustedes, y probablemente solo una de esas cinco (o ninguna) podría tener un cantante del calibre de Bon. ¡Y qué onda! Mírenlo en el comienzo del clip de “Highway to hell”, con sus guiños de loco reo, chaleco de jean sin camisa y pelo ochentoso camioneril.




La canción es musicalmente sencilla, como todas las de AC/DC: un rock cuadradito en 4/4, sin mayores logros ni particularidades salvo el riff inicial. Desde hace cuarenta años hacen canciones así, desde hace cuarenta años los critican por eso, desde hace cuarenta años responden: “Nos gusta no complicarnos. Hacemos canciones para los laburantes pobres, ellos aprecian nuestra sencillez”.

Pero lo que mejora 100% la cosa es el cantante: no solo suena genial, sino que, como dirían en Córdoba, tiene un ondón. Exuda alegría de vivir y uno al escuchar tiene también ganas de pagar el peaje y subir a esa autopista que va todo en bajada, directo al infierno.

Que es, en esta canción, un lugar encantador. Nada de torturas ni castigos: allí están los amigos, allí está por comenzar la fiesta (y sospechamos que durará eones). El cantor está feliz por ir hacia el infierno: “No haría nada diferente”. Tiene todo listo, pagó su peaje (a Satán, y lo hizo “tocando en una banda de rock”) y se dirige a la mamá, con la alegría del chico que cuenta que aprendió a manejar la bici sin manos: “Mirá vieja: ¡me voy a la tierra prometida!”.

Porque este infierno al que conduce la autopista, claramente, es la Tierra Prometida, es la recompensa eterna: es el cielo. Y por eso esta canción no es melancólica ni pomposa ni satánica (AC/DC jamás fueron satanistas ni nada por el estilo) sino puramente alegre, feliz, entusiasta.

(Al describir el infierno, dice algo muy lindo: "todos mis amigos estarán allá". Al igual que el Adán de Mark Twain dice, de Eva: "el Edén era allí donde ella estaba", este cantor prefiere las buenas compañías al aire acondicionado. Antes que ir al cielo, prefiero ir allí donde estarán mis amigos. Me gusta eso.)

https://www.youtube.com/watch?v=l482T0yNkeo


Highway to hell

Living easy, living free
Season ticket on a one-way ride
Asking nothing, leave me be
Taking everything in my stride

Don't need reason, don't need rhyme
Ain't nothing I would rather do
Going down, party time
My friends are gonna be there too

I'm on the highway to hell
On the highway to hell

No stop signs, speed limit
Nobody's gonna slow me down
Like a wheel, gonna spin it
Nobody's gonna mess me around

Hey Satan: paid my dues
Playing in a rocking band
Hey mama: look at me
I'm on my way to the promised land.

I'm on the highway to hell
Highway to hell

Don't stop me
I'm on the highway to hell

And I'm going down
All the way
I'm on the highway to hell
Autopista al infierno

Viviendo fácil, viviendo gratis
abono de temporada para un viaje de ida
No pido nada, dejame en paz
todo lo llevo a mi ritmo.

No necesito motivo, no necesito rima
no hay nada que haría distinto
voy para abajo, empieza la fiesta
mis amigos también estarán allí.

Estoy en la autopista al infierno
en la autopista al infierno.

No hay carteles de pare, límite de velocidad: nadie me va a frenar
como una rueda voy a dar vuelta
nadie me va a romper las bolas

Hey, Satán: pagué mis cuentas
tocando en una banda roquera
Hey, mamá: mirame,
voy camino a la tierra prometida.

Estoy en la autopista al infierno
en la autopista al infierno.

No me pares,
voy en la autopista al infierno

Y voy bajando
todo el camino:
estoy en la autopista al infierno.



El disco Highway to hell fue un gran éxito para AC/DC, que ya era una banda conocida y reconocible. Y sin embargo, seis meses después Bon Scott apareció muerto en su auto tras una noche de copas en un pub con otros amigos escoceses. Un golpe terrible para todos sus amigos y, obvio, para la banda. Pensaron en disolver la banda, hasta en dejar la música (según dicen), pero finalmente decidieron continuar. Además, como dijo Angus, “Si hubiéramos dejado, Bon nos habría pegado una patada en el culo”.

Y entonces, organizan un casting. El 90% de los que audicionan cantan “Smoke in the water” y son entre flojitos y olvidables. Pero llega un tal Brian Johnson, que canta en una banda pero se gana la vida arreglando techos (por eso usa siempre una gorra, para que no le queden pegamento o cachos de cielorraso en el pelo). No elige cantar “Smoke on the water”, sino blues. Los hermanos Young se miran y se dicen: “¡A la mierda! Este pibe sabe cantar”. A Brian, sin embargo, no le dicen nada, sino que lo convocan a una segunda audición, que también marcha bien. Al día siguiente, sale en un diario la noticia de que el puesto de cantante de AC/DC se lo dieron a otro cantante. Brian piensa que es lógico: no se tenía fe. Pero un par de horas más tarde lo llaman y le avisan que el puesto es suyo.


Y Brian no defrauda. No sé cuáles son, matemáticamente, las chances de conseguir en un casting a un cantante tan bueno como Brian Johnson, pero diría que son tendientes a cero. En la misma línea que Bon, la voz de Brian es aguda y filosa; un poco más rasposa tal vez, con un poquito menos de color tal vez: una gran voz, en todo caso, que nos sorprende al acompañar a ese tipo con inconfundible pinta de obrero y con la elegancia y gracia de un frankenstein. No tenía la onda canyengue y atractiva de Bon, pero sí la energía y el estilo, y AC/DC le abrió los brazos.

Pocos meses después, a mediados de 1980, con tapa negra y sin otra imagen que el logo de la banda, sale el disco Back in black (de nuevo en negro), un juego de palabras con “otra vez de luto” y “de regreso en negro” (el color icónico del heavy metal), y se convierte no solo en el mayor éxito de la banda, sino en el segundo disco más vendido en toda la historia (tras Thriller de Michael Jackson) y, sin dudas, uno de los mejores discos metaleros que hay.




Un hermoso homenaje a Bon Scott, y a la vez, un disco de madurez, de confirmación de ese estilo de canciones cuadraditas pero poderosas. Así es también el tema “Back in black”,  que empieza con un genial riff, súper memorable, y en el que el cantor anuncia que, tras un largo tiempo de haber estado “dormido”, está por fin de regreso en lo suyo, en la negrura (que es la luz de sus ojos, obviamente). Estuvo a punto de estirar la pata, pero zafó de la soga que lo tenía agarrado del cuello y, agrandado, anuncia que tiene nueve vidas y que mejor le den licencia al de la carroza fúnebre, porque tiene para largo. Y aunque nadie lo vea (porque está de negro y es de noche) está otra vez en las pistas y pulverizando marcas.





Back in black

Back in black
I hit the sack
I've been too long
I'm glad to be back

Yes, I'm let loose
From the noose
That's kept me hanging about

I've been looking at the sky
'Cause it's gettin' me high
Forget the hearse
'cause I never die

I got nine lives
Cat's eyes
Abusin' every one of them
and running wild

'Cause I'm back
Yes, I'm back
Well, I'm back
Yes, I'm back
Well, I'm back, back
Yes, I'm back in black

Back in the back
Of a Cadillac
Number one with a bullet,
I'm a power pack

Yes, I'm in a bang
With a gang
They've got to catch me
if they want me to hang

'Cause I'm back on the track
And I'm beatin' the flack
Nobody's gonna get me on another rap

So look at me now
I'm just makin' my play
Don't try to push your luck, just get out of my way

'Cause I'm back
Yes, I'm back
Well, I'm back
Yes, I'm back
Well, I'm back, back
Yes, I'm back in black

Back
Back in black
Yes I'm back in black
Out of the sight
De nuevo en negro

De nuevo en negro
me fui a torrar
fue hace tanto que
estoy contento de volver

Sí, me zafé
de la soga
de la que estaba colgado

Estuve mirando al cielo
porque me hacía volar
olvidá la carroza
porque nunca moriré

Tengo nueve vidas
ojos de gato
me aproveché de cada una
y salí rajando

Porque volví
sí, volví
bueno, volví
sí, volví,
bueno, estoy de vuelta, volví
sí, de nuevo en negro.

De nuevo atrás
en un cadillac
número uno con una bala
soy la fuente de energía

Sí, estoy en un boom
con una banda
van a tener que atraparme
si quieren que salga

Porque volví a la pista
y estoy rompiendo marcas
nadie me va a cazar
con las manos en la masa

Así que mirame ahora
yo hago mi jugada
no tientes tu suerte
solo salí de mi camino

Porque volví
sí, volví
bueno, volví
sí, volví,
bueno, estoy de vuelta, volví
sí, de nuevo en negro.

De nuevo
de nuevo en negro
sí, de nuevo en negro
fuera de vista



Y eso es todo por hoy: fuimos directo al infierno y, como la cigarra de María Elena (posteo 119), volvimos a tiempo para nuestro propio funeral. Donde todos la están pasando bomba, por cierto.



Nos veremos de nuevo la próxima, aunque tal vez de blanco, para eludir el calor infernal.



DJ Vago