solo un tema por semana,
y con que le guste al diyei alcanza

jueves, 7 de abril de 2016

[156] Pa pa pa pa


Escena final de Papageno, en la ópera La flauta mágica de Mozart (1791)


 A G.V. en su cumple.


No, no miren el calendario: hoy es jueves. Pero decidí que esta es la efeméride de la música clásica (“¿Hay otra acaso?”, replicaría alguien que yo sé), y por eso va este posteo supernumerario, que es parte de una serie que comenzaré más avanzado el año, titulada “Galletitas (de) ópera”. Hace un año, al comenzar abril, hablé de Beethoven (posteo 118); hace dos años, posteé sobre el “Greensleeves”, que no es clásico pero sí clasista, así que casi (posteo 73); y hace tres años, me explayé sobre el aria de la Reina de la Noche en La flauta mágica (posteo 23, “Guardá las copas que ahí viene mamá”). Allí analicé brillantemente (como acostumbro) esta ópera en alemán, y hablé de paso un poco de Wolfgang Amadeus, el compositor. Así que me remito a ese posteo para ahorrarme aquí todas esas explicaciones y datos; y hoy presento, solo porque me dieron ganas, al otro gran personaje secundario de esa ópera hermosa (de las pocas que reamente me gustan y escucho frecuentemente): Papageno. A través de su mejor escena, la del final, que empieza con un intento de suicidio solitario pero termina en un romántico dueto.

Papageno es un pajarero, caza pajaritos para la Reina de la Noche. Está disfrazado o vestido con plumas de pájaro (su uniforme laboral), es cobarde, alegre, despreocupado, calentón, hablador y, sobre todo, simpático. Es importantísimo que quien hace el rol de Papageno sea simpático, casi diría que es más importante eso que que cante bien. Es el personaje que va llevando sobre sus hombros, a lo largo de toda la ópera, la gracia y el humor: acompaña al serio Tamino, el héroe, a lo largo de su derrotero. Y mientras Tamino obedece todo lo que le dicen, es valiente, discreto y políticamente correcto, Papageno, que está al lado, hace todo mal, desobedece, se caga de miedo y prefiere (ampliamente) encontrar una amante a hallar el amor de su vida. Al igual que Tamino, recibe un instrumento musical mágico: Tamino recibe la flauta del título, un símbolo bastante fálico, si me preguntan; Papageno, unas discretas campanitas mágicas, que en teoría sirven para convocar a su amor...

La historia está por terminar. Tamino se juntó, tras pasar todas las pruebas, con la tonti linda de Pamina; el maléfico (pero en teoría buena gente) Zarastro ya venció a la maléfica (en los papeles) Reina de la Noche. Pero Papageno está deprimido: le prometieron que llegaría Papagena, una hermosa muchachita, pero en su lugar solamente se le acercó una anciana tétrica como de mil años (que era Papagena nomás, pero disfrazada). Así que ahora, desencantado de la vida,  viendo que aunque la llama y la llama con su sikus Papagena no aparece, él ha decidido suicidarse: la vida cruel ya no tiene sentido para él. Reniega amargamente de su destino desgraciado (“Parece que nací para la desgracia, che”, protesta (sin el che)).

(Voy a presentar algunas versiones distintas de esta pieza, pero uso como versión base la de la película dirigida por Peter Ustinov en 1971, porque este Papageno, William Workman, es súper simpático, y como esta es una película, se pueden ver sus expresiones en primer plano. La escena comienza a las 2:12:33.)

https://www.youtube.com/watch?v=ooY3LgL-Dio&t=22s


De entrada, cuando llama a Papagena y ella no responde, él concluye “Se ha perdido”, y muestra su frustración y su enojo.
¡Papagena, Papagena, Papagena!
¡Mujercita, pichoncita,
hermosa mía!
¡Es inútil! ¡Ay, la he perdido!
¡Es que nací
para la desgracia. (...)

Desde que probé aquel vino… (2:13:25 en el clip)
Desde que vi a esa bella muchachita
mi corazón arde en su cajoncito,
me pincha en un lado
me pincha en el otro.
¡Papagena! ¡Mujercita de mi corazón!
¡Papagena, pichoncita querida!
¡Es inútil, no sirve de nada!
¡Cómo me cansa mi vida!
La muerte pone fin al amor
cuando quema tanto el corazón. (2:14:00).


Ahí agarra la cuerda y se dispone a ahorcarse. La escena se vuelve trágica, con la música que cambia notoriamente a tono menor y se vuelve oscura... “Buenas noches, mundo cruel”, se despide Papageno... Pide, casi como último deseo, a las muchachas bellas que se acuerden de él (me encanta eso, me parece súper gracioso).

A este árbol adornaré,
me colgaré en él del cuello
pues la vida me desagrada:
buenas noches, mundo falso
que tan mal me tratas
y me niegas mi linda jovencita.
Así que todo terminó, voy a morir.
Bellas muchachas:
acuérdense de mí. (2:14:30)

Entonces, mientras prepara la cuerda, decide darse una oportunidad. No sé si esto que viene lo pensó el libretista Schikaneder (no creo) o Mozart (sospecho que sí), pero en todo caso es una genialidad: Papageno le habla a la audiencia, a las mujeres que están sentadas en las butacas del teatro, y les anuncia:
Pero si alguna quiere apiadarse de este pobre
antes de que me cuelgue,
¡bueno, lo dejaría por esta vez!
¡Digan únicamente “sí” o “no”! (2:14:45)

O sea: ustedes pueden salvarme, con una sola palabra. Si quieren que no muera, digan “no” (o digan “sí”, también me vale). Si Papageno es tan simpático y adorable como debiera, en este momento debería alzarse en el teatro un enorme bullicio de noes y síes gritados entre risas. Al menos yo imagino que eso sucedía en Alemania hace doscientos años: la obra está pensada para que pase eso. (Hoy en día, seguro que si alguien hablara aquí lo chistarían agriamente, como a mi familia cuando vamos a ver al Nano; pero es una pena, porque esta escena está pensada para ser interactiva).

Ya sea que la gente hable o no, esa respuesta no llega a Papageno, que desencantado, anuncia: “
Ninguna me ha oído, 
todo está en silencio.
Todo, todo en silencio.

Y entonces sí, sigue adelante, a su pesar pero decididamente, con la escena del suicidio (tras retar a las mujeres de la audiencia por su insensibilidad):
¿Eso es, pues, lo que quieren? (2:14:50)
¡Papageno, vamos, arriba!
Terminá el camino de tu vida.

en (2:15:10), sin embargo, vuelve a detenerse (es tan divertido esto), claramente no quiere matarse, está buscando cualquier excusa, cualquier indicio que le permita evitar cumplir con su propósito y seguir viviendo:

Bueno, esperaré un poquito, pero sólo
hasta que cuente uno, dos y tres.

O sea: alguien que diga algo para detenerme, antes de que llegue a contar hasta tres.
Empieza el conteo: uno. Ya en el dos, se demora más. Y el tres lo hace muy lento, como dándole tiempo a alguien a que diga algo...

¡Uno…! (2:15:25; es genial cómo Workman va cambiando la expresión a medida que avanza el conteo)
¡Dos…!
¡Tres…! (2:16:05)

Imagino aquí de nuevo los gritos de las mujeres en la platea, para que el pobre Papageno no se mate (si tan solo hay que hacer un pequeño sacrificio para que viva, más de una debería estar dispuesta a hacerlo). Pero llega el tres y nada sucede, así que sí (otra vez), decididamente Papageno prepara la horca, anunciando que “se acabó lo que se daba, adiós mundo cruel”, etcétera:

¡Bien, aquí nos quedamos! (2:16:17)
Puesto que nadie me detiene,
¡buenas noches, mundo cruel!
(Se dispone a colgarse.)

Pero por suerte, en 2:16:47 bajan del cielo (más “deus ex machina” que esto, imposible) los tres muchachitos, que salvan a Papageno, primero diciéndole que hay solo una vida, que no sea gil; Papageno protesta y les dice que si ellos sintieran el fuego que él siente, también saldrían a buscar muchachas (2:17:07). Los tres muchachitos entonces le recuerdan que tiene sus campanitas mágicas, y que las use (2:17:15). Papageno se golpea la frente: ¡Claro, qué boludo, cómo me olvidé! Y se prepara a hacer sonar esas campanitas, que empiezan a clinclinear en (2:17:40).

En el estreno de esta ópera, las campanitas las tocaba el propio Mozart. Los comentarios son que eran un espectáculo aparte, esas campanitas, y que Mozart se embaló y seguía y seguía con las campanitas, hasta que tuvieron que hacerle señas de que la cortara y dejara continuar la ópera (de paso, además, él tenía que seguir dirigiendo la orquesta!).



En 2:18:20 se retiran los tres pibes y llega, atraída por el sonido de las campanitas, Papagena. Comienza aquí el hermoso dueto Papagena-Papageno, en el cual ambos se van llamando y acercándose mutuamente, con solo la repetición de la sílaba “pa”, cual pajaritos que pían. La Papagena de esta versión no es tan graciosa ni memorable, apenas zafa. En 2:19:00 empiezan a preguntarse “Entonces, ¿serás mío/mía?”, “¿Serás mi pichoncita/pichoncito?”. Y ambos aceptan.

Y en 2:19:20 llegan a la conclusión de que qué alegría será cuando su amor dé como resultado unos hermosos chiquitines (si bien uno imagina que Papageno está más interesado en encargar a los niños que en cuidarlos).

Empiezan entonces, en una escena que es a la vez tierna, adorable y sutilmente erótica, a contar los futuros hijos (2:19:32): primero un papagenito, luego una papagenita, luego un varoncito más, luego una nena más... y así se acumulan montones de nenitos. En algunas versiones, a medida que ambos cantan, en el escenario van apareciendo los niños correteantes, vestidos de pajaritos: me encanta esa idea, y me parece súper divertida también. Pero en esta versión eso no pasa; no importa.

Y a partir de 2:19:56, mientras la gente que hace de planta (como en los actos del jardín de infantes) revolotea sus hojas y Papagena le hace cosquillas a Papageno y medio se besuquean, termina la escena, con un radiante y romántico cacareo y una especie de bailecito pajaril súper alegre y un poquitín bizarro. Y como corresponde, un beso (2:20:50).

Durante toda esta escena (como durante gran parte de la ópera) la música es exquisita. Tan bella, tan fluida, tan justa en cada compás, que uno se pregunta cómo podía alguien componer tan bien. De los grandes genios de la música, Mozart fue el único (para mí) que llegó a componer óperas geniales. No me canso nunca, de La flauta mágica.

Y bueno, eso es todo por hoy. Incluyo algunas versiones más, para que comparen Papagenos (si tienen ganas).

- La versión de Detlef Roth, un Papageno súper súper simpático y expresivo (más que Workman, incluso). Lo único que no me gusta es que cuenta “uno, dos, tres” demasiado rápido. Me gustan los trajes emplumados de los dos.



- La versión de Simon Keenlyside en Salzburgo. Canta muy bien, pero es un Papageno demasiado serio y poco carismático para mi gusto. El dueto con Papagena lo cantan directamente en la cama (como por si no se había entendido). Al final, llegan los millones de nenitos a enquilombar todo, eso sí me gusta de esta versión. No me gusta, en cambio, el vestuario apagado y cero-pajareril.


- Mi amada versión del Festival de Salzburgo 2006, con Damrau como Reina de la Noche (“La Reina del Brócoli”, con su vestido verde oscuro) y un Papageno con rastas (Christian Gerhaher) y muy expresivo también. En la siguiente escena, Irena Bespalovaite se saca su disfraz de anciana y se muestra como la Papagena más escotada de la historia (tiene rastas también, pero quién se estará fijando). Los pajarracos que vuelan en el fondo me parecen un desastre, pero salvo eso, toda esta versión de la ópera me encanta.




- Una bárbara versión bávara de 1981; aquí aparecen los pequeños papagenitos, como me gusta a mí (a partir de 2:31:00).
https://www.youtube.com/watch?v=2F60aV4VNtY



- Y para terminar, de la película de Bergman sobre La flauta mágica, en la cual el dueto (en sueco en vez de en alemán) se desarrolla en pleno invierno y como un lento y simpático strep-tease (recalcando que hay que hacer algunas cosas antes, para obtener esos lindos y pequeños pajaritos).



PAPAGENO


Papagena! Papagena! Papagena!
Weibchen! Täubchen!
meine Schöne!
Vergebens! Ach, sie ist verloren!
Ich bin zum Unglück
schon geboren!
Ich plauderte,
und das war schlecht,
Und drum geschieht es
mir schon recht!
Seit ich gekostet diesen Wein,
Seit ich das schöne Weibchen sah,
So brennt’s im Herzenskämmerlein,
So zwickt’s hier,
so zwickt’s da.
Papagena! Herzensweibchen!
Papagena, liebes Täubchen!
‘s ist umsonst, es ist vergebens!
Müde bin ich meines Lebens!
Sterben macht der Lieb’ ein End’,
Wenn’s im Herzen noch so brennt.

Diesen Baum da will ich zieren,
Mir an ihm den Hals zuschnüren,
Weil das Leben mir mißfällt;
Gute Nacht, du falsche Welt.
Weil du böse an mir handelst,
Mir kein schönes Kind zubandelst,
So ist’s aus, so sterbe ich;
Schöne Mädchen,
denkt an mich,
Will sich eine um mich Armen,
Eh’ ich hänge, noch erbarmen,
Nun, so laß ich’s diesmal sein!
Rufet nur, ja oder nein!
Keine hört mich;
alles stille!
Alles, alles stille.
Also ist es euer Wille?
Papageno, frisch hinauf!
Ende deinen Lebenslauf!
Nun, ich warte noch, es sei,
Bis man zählet: eins, zwei, drei.

Eins!
Zwei!
Drei!
Nun, wohlan, es bleibt dabei,
Weil mich nichts zurücke hält,
Gute Nacht, du falsche Welt!

DREI KNABEN

Halt ein, o Papageno! und sei klug,
Man lebt nur einmal,
dies sei dir genug!
PAPAGENO
Ihr habt gut reden,
habt gut scherzen;
Doch brennt’ es euch,
wie mich im Herzen,
Ihr würdet auch
nach Mädchen gehn.
DIE DREI KNABEN
So lasse deine Glöckchen klingen,
Dies wird dein Weibchen
zu dir bringen.
PAPAGENO
Ich Narr vergaß
der Zauberdinge!

Erklinge, Glockenspiel, erklinge!
Ich muß mein liebes Mädchen seh’n.
Klinget, Glöckchen, klinget,
Schafft mein Mädchen her!

DIE DREI KNABEN
Nun, Papageno, sieh dich um!

PAPAGENO
Pa-pa-pa-pa-pa-pa-Papagena!
PAPAGENA
Pa-pa-pa-pa-pa-pa-Papageno!
PAPAGENO
Bist du mir nun ganz gegeben?
PAPAGENA
Nun, bin ich dir ganz gegeben!
PAPAGENO
Nun, so sei mein liebes Weibchen!
PAPAGENA
Nun, so sei mein Herzenstäubchen!
BEIDE
Welche Freude wird das sein,
Wenn die Götter uns bedenken,
Unsrer Liebe Kinder schenken,
So liebe, kleine Kinderlein!
PAPAGENO
Erst einen kleinen Papageno!
PAPAGENA
Dann eine kleine Papagena!
PAPAGENO
Dann wieder einen Papageno!
PAPAGENA
Dann wieder eine Papagena!
PAPAGENO, PAPAGENA
Papageno! Papagena!
Es ist das höchste der Gefühle,
Wenn viele, viele
Pa-pa-Papageno,
Pa-pa-Papagena,
Der Eltern Segen werden sein.


PAPAGENO
(llama con su silbato)

¡Papagena, Papagena, Papagena!
¡Mujercita, pichoncita,
hermosa mía!
¡Es inútil! ¡Ay, la he perdido!
¡Es que nací
para la desgracia.
He parloteado,
y no estuvo bien,
y por eso se ve que
me lo tengo merecido.
Desde que probé aquel vino…
Desde que vi a esa bella muchachita
mi corazón arde en su cajoncito,
me pincha en un lado
me pincha en el otro.
¡Papagena! ¡Mujercita de mi corazón!
¡Papagena, pichoncita querida!
¡Es inútil, no sirve de nada!
¡Cómo me cansa mi vida!
La muerte pone fin al amor
cuando quema tanto el corazón.
(toma una cuerda)
A este árbol adornaré,
me colgaré en él del cuello
pues la vida me desagrada:
buenas noches, mundo falso
que tan mal me tratas
y me niegas mi linda jovencita.
Así que todo terminó, voy a morir.
Bellas muchachas:
recuérdenme.
Pero si alguna quiere apiadarse de este pobre antes de que me cuelgue,
¡bueno, lo dejaría por esta vez!
¡Digan únicamente “sí” o “no”!
Ninguna me ha oído,
todo está en silencio.
Todo, todo en silencio.
¿Eso es, pues, lo que quieren?
¡Papageno, vamos, arriba!
Terminá el camino de tu vida.
Bueno, esperaré un poquito, pero sólo
hasta que cuente uno, dos y tres.
(silba)
¡Uno…!
¡Dos…!
¡Tres…!
¡Bien, aquí nos quedamos!
Puesto que nadie me detiene,
¡buenas noches, mundo cruel!
(Se dispone a colgarse.)
LOS TRES MUCHACHOS
(descienden suspendidos de lo alto)
Detente, oh Papageno, y sé sabio;
se vive solo una sola vez,
que eso te alcance.
PAPAGENO
Habláis bien,
bromeáis bien.
Pero si sus corazones
les quemaran como el mío,
también andarían
buscando muchachitas.
LOS TRES MUCHACHOS
Toca tus campanitas,
eso te traerá
a tu mujercita.
PAPAGENO
¡Cómo me olvidé!…
¡Mis instrumentos mágicos!
(saca las campanitas)
¡Suenen, campanitas, suenen!
Debo ver a mi amada muchacha.
(los tres pibes traen a Papagena)
¡Suenen, campanitas, suenen!
Debo ver a mi amada muchacha.
LOS TRES MUCHACHOS
(ascendiendo)
¡Papageno, mira a tu alrededor!
PAPAGENO
¡Pa, Pa, Pa, Pa, Pa, Pa, Papagena!
PAPAGENA
¡Pa, Pa, Pa, Pa, Pa, Pa, Papageno!
PAPAGENO
¿Ahora eres toda mía?
PAPAGENA
¡Ahora soy toda tuya!
PAPAGENO
¡Bien, entonces sé mi mujercita!
PAPAGENA
¡Bien, entonces sé mi pichoncito!
PAPAGENO, PAPAGENA
¡Qué alegría será
si los dioses bendicen
nuestro amor con niños,
¡tan queridos, chiquitos pequeñitos!
PAPAGENO
¡Primero un pequeño Papageno!
PAPAGENA
¡Y luego una pequeña Papagena!
PAPAGENO
¡Y luego otro Papageno!
PAPAGENA
¡Y luego otra Papagena!
PAPAGENO, PAPAGENA
¡Papageno! ¡Papagena!
Qué alta alegría será
cuando muchos, muchos
Pa, Pa, Papagenos,
Pa, Pa, Papagenas
se conviertan en la bendición de sus padres.


Eso es todo por hoy. Hasta la próxima, pajaroncitos míos.


DJ Vago

No hay comentarios:

Publicar un comentario